“Mazatlán está prácticamente paralizado”: Mariano Ortega; transportistas trabajan por debajo del 50%
*El presidente del Frente de Transportistas de Mazatlán aseguró que la actividad económica atraviesa una de sus etapas más complicadas: los cruceros sostienen parcialmente al sector, pero sin turismo, movilidad nocturna ni demanda local, el panorama es cada vez más preocupante.
*Reveló que llevan más de dos meses solicitando una audiencia con la gobernadora, sin obtener respuesta. Cuestionó la efectividad de los operativos de seguridad y consideró que, de no cambiar las condiciones actuales, el cierre de año será devastador para los negocios y las familias.
Por Jose Romero Mata
La inseguridad esta paralizando a la economía de Mazatlan, afirmo Mariano Ortega, presidente del Frente de Transportistas de Mazatlan quien aseguro que llevan más de dos meses solicitando una audiencia con la gobernadora, sin obtener respuesta. Cuestionó la efectividad de los operativos de seguridad y advirtió que, de no cambiar las condiciones actuales, el cierre de año será devastador para negocios y familias.
La inseguridad no solamente está golpeando la tranquilidad de los mazatlecos, también está paralizando la economía, desplomando la movilidad y llevando al sector transportista a una situación cada vez más crítica. La advertencia es contundente: en Mazatlán prácticamente no hay actividad y los transportistas están trabajando por debajo del 50 por ciento de su capacidad.
Así lo denunció Mariano Ortega, presidente del Frente de Transportistas de Mazatlán, quien describió un panorama económico sumamente complicado, luego de que septiembre y octubre echaran por tierra las expectativas de recuperación que el sector había comenzado a construir durante el verano.
“Estamos abajo del 50 por ciento”, sentenció al explicar que la demanda de servicios se mantiene muy por debajo de los niveles habituales y que los fines de semana apenas representan una ligera reactivación, insuficiente para compensar las pérdidas acumuladas.
El dirigente transportista sostuvo que la temporada de cruceros ha sido uno de los pocos factores que mantienen a flote la actividad, pues cuando no llegan embarcaciones prácticamente desaparece el trabajo.
La situación se agrava durante las tardes y noches, cuando la ciudad pierde movimiento y los establecimientos reducen sus horarios ante el temor generado por la violencia.
“La vida nocturna desapareció y decirlo tampoco es un pecado. Tenemos que salir a la calle y decir lo que está sucediendo realmente”, expresó.
Ortega describió que entre las 8:30 y las 9:00 de la noche la mayoría de las personas ya se encuentra en sus casas, una realidad que refleja el impacto de la inseguridad sobre la convivencia, el turismo y los negocios.
Pero su preocupación no se limita al transporte. Advirtió que la crisis está alcanzando a prácticamente todos los sectores comerciales, desde las pequeñas tiendas de abarrotes hasta las tortillerías, donde las ventas han registrado importantes disminuciones.
“Las tiendas de abarrotes están vendiendo la mitad de lo que vendían normalmente”, señaló, al advertir que la combinación de inseguridad, baja actividad económica y dificultades adicionales para el turismo amenaza con convertir el cierre de año en un periodo particularmente complicado.
Reclama resultados, no más operativos sin efectividad
El presidente del Frente de Transportistas reconoció la presencia de un importante número de elementos de seguridad en las calles y consideró que su despliegue es necesario; sin embargo, cuestionó que los operativos no estén produciendo los resultados que la ciudadanía y los sectores económicos esperan.
Incluso señaló que, pese a las reuniones de autoridades de los distintos niveles de gobierno y la participación de corporaciones federales, no se percibe una estrategia capaz de devolverle la tranquilidad a Mazatlán.
“No vemos inteligencia en los operativos que se están llevando a cabo”, cuestionó.
También consideró necesario fortalecer la infraestructura de vigilancia, particularmente mediante un proyecto como el C5, al señalar que cuando las cámaras dejan de funcionar o son retiradas, los hechos delictivos continúan sin que exista una respuesta efectiva para impedirlos.
Sobre la presencia militar, Ortega descartó que la solución sea retirar a las fuerzas federales de las calles. Por el contrario, planteó que deben mantenerse, pero con ajustes que permitan hacer más eficaces las estrategias de seguridad.
“Tal y como están ahorita, no han dado resultados”, afirmó, al señalar que la violencia registrada durante los últimos tres meses ha terminado por afectar a todos los sectores productivos.
Para el dirigente, el problema de fondo es que cualquier esfuerzo por promover el destino, organizar eventos o atraer visitantes termina perdiendo fuerza cuando ocurre un hecho violento de alto impacto.
“Prácticamente es eso, resolver el tema de la inseguridad”, subrayó.
Más de dos meses esperando a la gobernadora
Otro de los reclamos de Mariano Ortega apunta directamente a la falta de interlocución con el Gobierno estatal.
Reveló que desde la primera semana de la actual administración solicitaron una audiencia con la gobernadora Graciela Domínguez Nava, pero después de más de dos meses continúan sin ser recibidos.
“Es algo que ya nos incomoda, a pesar de que teníamos las mejores expectativas con su llegada”, manifestó.
Consideró inexplicable que un sector tan importante para el funcionamiento de Mazatlán no tenga siquiera la oportunidad de exponer directamente sus problemas y plantear posibles soluciones.
Recordó que el transporte mueve prácticamente todo: mercancías, materiales para la construcción, trabajadores, estudiantes y turistas, por lo que su deterioro representa también un golpe para el conjunto de la economía municipal.
El dirigente insistió en que los transportistas necesitan ser escuchados, pero sobre todo que las autoridades entiendan la dimensión de una crisis que continúa extendiéndose.
La preocupación es que Mazatlán siga perdiendo actividad, empleos e ingresos mientras la inseguridad mantiene a la población encerrada y a los negocios reduciendo sus operaciones.
Y lanzó una advertencia que resume la gravedad del momento: si no hay un cambio real en la estrategia de seguridad y una recuperación de la confianza ciudadana, el cierre de 2026 podría ser devastador para la economía del puerto.
