Don Germán Lizárraga, memoria viva de la banda sinaloense
75 años de música: La última voz de una generación que hizo sonar la tambora en el mundo
El último testigo de la generación dorada: El hombre que vio nacer el boom de la banda y todavía sueña con verla llegar más lejos.
*La generación que abrió las puertas ya se está apagando, pero la banda no.
José Romero
Don Germán Lizárraga ve con optimismo el futuro de la tambora, pide separar la música de cualquier expresión de violencia y apuesta por las nuevas generaciones para mantener vivo un sonido que, asegura, todavía tiene muchos escenarios por conquistar.
Don Germán y el teatro de los recuerdos
Hay lugares donde la historia parece quedarse suspendida entre las paredes. El Teatro Ángela Peralta es uno de ellos. Desde su inauguración en el siglo XIX, el recinto ha sido escenario de ópera, teatro, danza, música y toda clase de expresiones artísticas; sobrevivió al abandono, a los cambios de época y a distintas transformaciones hasta convertirse nuevamente en uno de los grandes símbolos culturales de Mazatlán.
Y ahí, precisamente ahí, frente a un escenario que ha visto pasar generaciones enteras de artistas, aparece Don Germán Lizárraga. El hombre que durante 75 años ha llevado la tambora en las manos. El hombre que comenzó a tocar a los 12 años, toco y dirigio varias bandas siendo la mas reciente Estrellas de Sinaloa.
El hombre que hoy es uno de los últimos sobrevivientes de aquella generación que ayudó a transformar la música de banda de una expresión regional en uno de los sonidos más reconocibles de México.
La conversación ocurre en este legendario teatro, donde Don Germán fue invitado por los organizadores del Carnaval de Mazatlán, una fiesta que tiene en la música de banda uno de sus principales símbolos.
El escenario no podía ser más apropiado. Frente a Don Germán está la memoria de casi siglo y medio de vida cultural mazatleca. Y en sus palabras está la memoria de 75 años de tambora.
Dos historias de resistencia frente a frente.
“Yo soy el único que queda de esa historia”
Don Germán habla sin prisa. No necesita levantar la voz para que sus palabras tengan peso.
Cuando recuerda los primeros años de su carrera, inevitablemente aparece la figura de su padre -Don Cruz Lizarraga, fundador de la Banda El Recodo- aquella época en la que la banda todavía no imaginaba la dimensión que alcanzaría décadas después ya que en sus inicios la banda solo era el acompañamiento de los artistas reconocidos de aquellos tiempos.
Recuerda que en 1951, en Mazatlán, se realizaron grabaciones de las primeras canciones con banda.
Hoy aquellas grabaciones forman parte de una historia que parece increíble.
Porque las canciones y los sonidos que entonces comenzaban a registrarse terminaron convirtiéndose en la raíz de un fenómeno que cruzaría fronteras.
“Yo soy el único que queda de esa historia que mi padre y yo hicimos”, dice.
La frase adquiere una dimensión especial. No habla únicamente de su propia trayectoria.
Habla de los músicos que estuvieron antes, de los compañeros que compartieron aquellos escenarios y de una generación que poco a poco se ha ido convirtiendo en recuerdo.
Don Germán permanece. Y con él permanece una parte de aquella historia.
Una frase que terminó convirtiéndose en profecía
Hace 20 o 30 años, Don Germán decía algo que entonces podía sonar a reflexión de un músico experimentado.
“La banda es toda una institución para México.”
Con el paso del tiempo, aquella frase terminó demostrando su enorme vigencia.
La banda dejó de ser solamente un acompañamiento para artistas, fiestas o celebraciones regionales.
Se convirtió en una industria. En una identidad. En una manera de representar a Sinaloa y a México frente al mundo.
Don Germán recuerda que durante aquellos primeros años eran pocas las agrupaciones que tenían la posibilidad de abrirse camino fuera del país. Después llegaron los viajes.
Estados Unidos, Europa, Japón. Y con cada escenario internacional, la tambora sinaloense encontraba nuevos oídos.
“Nosotros empezamos a abrir ese camino”, recuerda con orgullo.
Hoy existen numerosas bandas. Hay nuevos músicos, nuevos cantantes, nuevas colaboraciones y nuevas formas de llevar la música al público.
Para Don Germán, eso no representa una amenaza, representa una victoria.
La banda no fue un boom pasajero, hubo quienes pensaron que la popularidad de la banda sería solamente una moda, un fenómeno que alcanzaría su punto máximo y después desaparecería.
Don Germán nunca lo vio así, y 75 años después, la realidad parece darle la razón. “La banda sigue ascendiendo”, afirma.
Lo dice mientras observa una escena musical completamente distinta a la que conoció cuando era niño.
Hoy la banda está presente en grandes conciertos, fiestas populares, carnavales y escenarios internacionales. La música ha cambiado. La tecnología cambió. La manera de escuchar canciones cambió. Pero la tambora continúa sonando.
Ese es, quizá, uno de los mayores triunfos de aquella generación.No solamente hicieron música.
Construyeron una tradición capaz de sobrevivir a las modas.
El orgullo de una vida
El Carnaval de Mazatlán le dio recientemente una de las noches más significativas de su carrera.
En febrero de 2026, durante los Juegos Florales del Carnaval Internacional de Mazatlán, Don Germán recibió un homenaje por sus 75 años de trayectoria. El reconocimiento ocurrió ante miles de personas en el Estadio Teodoro Mariscal, en una noche en la que la música sinaloense fue protagonista.
Fue una celebración a su vida, pero también a la historia de la banda. El propio Carnaval llevó el nombre de “¡Arriba la Tambora!”, una declaración que resume perfectamente la relación entre la máxima fiesta porteña y el sonido sinaloense.
Don Germán recibió los aplausos. Pero en cierta forma, aquellos aplausos también fueron para todos los músicos que ya no están. Para quienes tocaron antes de que la banda llenara estadios.
Para quienes viajaron con sus instrumentos buscando nuevos públicos.
Para quienes hicieron posible que una tradición local terminara convertida en una expresión internacional.
Separar la música de la violencia
Pero el futuro de la banda también pasa por enfrentar una realidad incómoda. La asociación que en determinados contextos se ha hecho entre algunas expresiones de la música regional y la violencia o el crimen organizado es un fenómeno que Don Germán observa con preocupación.
Su respuesta no es política ni complicada, es la de un músico.
“Siempre lo que hemos querido nosotros es la alegría que provoca la banda”, sostiene.
Para él, la música debe recuperar ese sentido, el de reunir. el de celebrar, el de provocar alegría en un mundo que reconoce como “muy revuelto”, espera que algún día las cosas vuelvan a tranquilizarse. Y en ese futuro, la banda tiene una responsabilidad: preservar su identidad sin permitir que otros fenómenos terminen definiéndola.
El futuro está en las nuevas generaciones, Don Germán podría hablar desde la nostalgia.
Podría decir que todo tiempo pasado fue mejor. No lo hace, al contrario mira hacia adelante.
Ve las nuevas bandas y reconoce que son muchas más que las que existían cuando él comenzó.
Y eso le produce orgullo, porque significa que el camino que su generación abrió no terminó con ellos.
La banda continúa. Los jóvenes continúan tocando, las canciones siguen viajando y la tambora todavía tiene algo que decir. El gran reto, quizá, será que las nuevas generaciones puedan innovar sin olvidar de dónde viene ese sonido. Que puedan experimentar sin perder la esencia, que puedan llevar la banda a nuevos públicos sin desprenderla de la cultura que le dio origen. Don Germán parece confiar en que así será.
Un teatro, un músico y una historia que continúa
Resulta difícil imaginar un escenario más apropiado para esta conversación.
El Teatro Ángela Peralta ha sobrevivido a epidemias, abandono, transformaciones y cambios culturales. Hoy es un Monumento Histórico y uno de los grandes espacios culturales de Mazatlán.
Don Germán también ha sobrevivido al paso del tiempo.
Setenta y cinco años de carrera.
Generaciones de músicos, nuevos sonidos, nuevos públicos, nuevas tecnologías, muchos de quienes compartieron con él aquella primera época ya no están. Él sí. Y todavía trabaja. Todavía colabora. Todavía habla de la banda en tiempo presente. Todavía cree en su futuro.
Por eso, más que una entrevista, encontrarse con Don Germán Lizárraga en el Ángela Peralta se siente como escuchar hablar a la memoria. La memoria de una ciudad. La memoria de una música.
La memoria de una generación. Pero también, la memoria de un hombre que se niega a convertir su historia en pasado. Porque mientras Don Germán siga hablando de la banda, mientras sus músicos sigan tocando y mientras una tambora vuelva a sonar en algún escenario de México o del mundo, aquella generación dorada seguirá teniendo algo que decir.
La historia de Don Germán Lizárraga puede estar entrando en sus últimos capítulos. La historia de la banda, en cambio, apenas parece comenzar otro.
