Un museo que quiere cambiar la historia marítima de Mazatlán

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*Un museo extraordinario. Con 12 salas interactivas, experiencias inmersivas y una colección de 34 esqueletos de distintas especies de cetáceos presentes en aguas mexicanas, MUNBA aspira a consolidarse como uno de los museos especializados en ballenas más importantes de Latinoamérica.

*Educación para conservar. Su director, Óscar Guzón, destaca que la misión central del museo es la educación para la conservación. Su programa educativo ha llegado, de acuerdo con el directivo, a más de 10 mil niñas y niños, mientras sus actividades científicas incluyen el seguimiento de ballenas jorobadas y la participación en labores de rescate de ejemplares enmallados.

*Mazatlán, tierra de venados y mar de ballenas. Ubicado en el Parque Observatorio 1873, el museo busca transformar la relación de la ciudad con sus gigantes marinos y fortalecer su atractivo turístico, científico y cultural, con la aspiración de convertirse en un foro de encuentro para México, Latinoamérica y el mundo.

Por Jose Romero Mata/Adriana Carlos

Durante décadas, Mazatlán ha sido reconocido por sus playas, su gastronomía, su pesca y su vocación turística. Sin embargo, frente a sus costas existe otro protagonista de dimensiones extraordinarias que comienza a ocupar el lugar que merece en la identidad del puerto: la ballena.

En el corazón del Parque Observatorio 1873, el Museo Nacional de la Ballena, MUNBA, busca convertir esa riqueza natural en una experiencia de conocimiento, cultura y conservación con proyección internacional.

No se trata solamente de observar esqueletos monumentales ni de recorrer salas dedicadas a la vida marina. La apuesta es mucho mayor: explicar la historia evolutiva de los cetáceos, acercar la ciencia a la sociedad, impulsar la educación ambiental y contribuir a proteger a los animales que cada año recorren las aguas del Pacífico mexicano.

“La educación para la conservación es la misión del MUNBA y la razón de existir de este museo”, afirma Óscar Guzón, director del recinto, al explicar la filosofía que orienta el proyecto.

Su declaración define el sentido de una institución que busca trascender la experiencia turística para convertirse en una plataforma permanente de aprendizaje, investigación y conciencia ambiental.

La dimensión del reto es evidente: lograr que residentes y visitantes comprendan que Mazatlán no solamente es un destino frente al mar, sino también un lugar relacionado con los ciclos de vida de algunas de las criaturas más impresionantes del planeta.

Doce salas para descubrir el mundo secreto de las ballenas

El Museo Nacional de la Ballena ofrece un recorrido por la historia natural de las ballenas y los delfines, mamíferos marinos pertenecientes al grupo de los cetáceos.

A través de 12 salas interactivas, los visitantes pueden conocer su evolución, las adaptaciones que les permitieron conquistar el medio acuático, sus ciclos de vida y las amenazas que han enfrentado a lo largo de la historia.

La experiencia combina recursos digitales, contenidos museográficos y propuestas inmersivas con una colección de esqueletos que constituye uno de los principales atractivos del recinto.

“Somos, me atrevo a decir, uno de los museos de historia natural de ballenas más importantes de Latinoamérica”, señaló Guzón al describir el alcance de la colección.

El director precisó que el museo reúne 34 esqueletos de distintas especies vinculadas con los mares mexicanos. Durante la entrevista, también aclara que la colección incluye ejemplares reales y réplicas.

La presencia de estas estructuras óseas permite apreciar dimensiones y características anatómicas que difícilmente pueden comprenderse mediante fotografías o imágenes en una pantalla.

Pero la intención no es provocar asombro por sí mismo. Cada ejemplar forma parte de una narrativa que busca explicar cómo viven estos animales, cómo evolucionaron y por qué su supervivencia depende, en buena medida, de las decisiones humanas.

De una idea a un proyecto de gran escala

La historia de MUNBA está ligada a una visión impulsada por el licenciado Amado Guzmán, a quien el director identifica como la persona que concibió la idea de desarrollar el museo.

Óscar Guzón participó desde las primeras etapas en el diseño de la museografía, la curaduría de las salas y la elaboración de los contenidos que hoy conforman la experiencia del visitante.

El proceso, recuerda, exigió años de trabajo, recursos y la participación de numerosas personas. La construcción del museo tomó alrededor de dos años, mientras que la etapa de intervención museográfica requirió meses de planeación y ejecución.

El recinto abrió sus puertas el 23 de julio de 2024, fecha que coincide con el Día Internacional de las Ballenas y los Delfines.

Desde entonces, su propósito ha sido acercar el conocimiento científico a públicos de distintas edades y aprovechar el atractivo universal de los cetáceos para impulsar una cultura de respeto hacia los océanos.

La historia del museo demuestra que detrás de una experiencia que para el visitante puede durar unas horas existe un trabajo considerable de investigación, selección de ejemplares, diseño de contenidos y construcción de una propuesta educativa.

El desafío ahora es consolidar esa infraestructura como una institución viva, capaz de ampliar su alcance y sostener una relación duradera con la comunidad.

Latinoamérica: el escenario donde Munba quiere dejar huella

La relevancia de MUNBA no se limita a Mazatlán. Su especialización, su colección y el uso de tecnología interactiva le permiten aspirar a ocupar un lugar destacado entre los espacios dedicados a divulgar la historia natural de las ballenas en Latinoamérica.

Guzón señala que existen otras instituciones importantes relacionadas con las ciencias naturales y el mundo marino, entre ellas el Museo de la Ballena y Ciencias del Mar, en La Paz, con el que MUNBA mantiene una relación de colaboración, así como otros recintos científicos del país.

Sin embargo, considera que la combinación de una temática dedicada específicamente a las ballenas, una colección de esta naturaleza y una propuesta museográfica de carácter inmersivo distingue al museo mazatleco.

Ese valor abre una oportunidad para fortalecer la presencia de México en el panorama latinoamericano de la divulgación científica.

El siguiente paso, para que esa aspiración se convierta en reconocimiento internacional, consiste en ampliar las alianzas con universidades, investigadores, museos, organizaciones ambientales y centros educativos; promover intercambios de conocimiento y desarrollar actividades que atraigan a públicos nacionales y extranjeros.

La visión es que MUNBA no sea únicamente un sitio que los turistas visiten durante su estancia en Mazatlán, sino también un espacio que motive a especialistas, docentes y amantes de la naturaleza a conocer el trabajo que se realiza desde el Pacífico mexicano.

En otras palabras, que la historia de las ballenas se cuente desde Mazatlán y encuentre eco en el resto del continente y del mundo.

Mazatlán también es mar de ballenas

Uno de los mayores desafíos que enfrenta el proyecto es modificar una percepción arraigada: la idea de que Mazatlán es, ante todo, un destino de playa y gastronomía.

Para Guzón, los cetáceos forman parte de la identidad natural de la ciudad y merecen ocupar un lugar mucho más visible en su narrativa turística y cultural.

Mazatlán es tierra de venados, pero también es mar de ballenas”, expresó al explicar cómo el museo complementa la historia que se cuenta en el Parque Observatorio 1873.

La ubicación del recinto dentro de este complejo permite integrar el patrimonio histórico de Mazatlán con su riqueza natural y las experiencias que ofrece el océano.

De acuerdo con el director, miles de ballenas utilizan las aguas de la región como parte de sus desplazamientos migratorios y como zona de reproducción. Entre ellas destaca la ballena jorobada, cuya presencia estacional ha contribuido al desarrollo de actividades de observación en el puerto.

La temporada de avistamiento que describe Guzón comprende del 8 de diciembre al 31 de marzo, con salidas diarias a través de MUNBA Expeditions.

Las expediciones, explicó, combinan la observación responsable con la divulgación científica. Los visitantes pueden aprender sobre el comportamiento de las ballenas y, cuando las condiciones lo permiten, escuchar sus vocalizaciones mediante hidrófonos.

La experiencia tiene una dimensión adicional: contribuir a que el público comprenda que observar a estos animales implica respetar su espacio, sus ciclos de vida y las disposiciones aplicables a su protección.

Así, el turismo deja de ser solamente una actividad recreativa y puede convertirse en una vía para acercar a las personas al conocimiento y la conservación marina.

Más de 10 mil niñas y niños: la misión que mira al futuro

Si existe una línea de trabajo que Guzón coloca por encima de las demás, es la educación.

El director informa que el programa educativo de MUNBA ha llegado a más de 10 mil niñas y niños que han visitado el museo. Una cifra que, en su planteamiento, refleja la importancia de acercar estas experiencias a estudiantes que no siempre tienen acceso a espacios de divulgación científica de esta naturaleza.

A través de su programa Aula Azul, el museo ofrece una vía para que las escuelas se acerquen y consulten las opciones de visita, incluidos posibles patrocinios y tarifas educativas.

El objetivo es que el aprendizaje sobre las ballenas no quede reservado a quienes cuentan con mayores posibilidades económicas, sino que alcance a comunidades escolares diversas.

La experiencia de recorrer las salas, observar los esqueletos y explorar los contenidos interactivos puede despertar preguntas que difícilmente surgen en el aula de la misma manera.

¿Por qué las ballenas migran? ¿Cómo se comunican? ¿Qué amenazas enfrentan? ¿Qué ocurre cuando quedan atrapadas en redes de pesca? ¿Qué puede hacer una comunidad para protegerlas?

Esas preguntas son el punto de partida para formar generaciones más conscientes de la importancia de los ecosistemas marinos.

“Que las nuevas generaciones sigan aprendiendo de las ballenas” es parte de la meta que plantea Guzón para el futuro de la institución.

Y en esa meta se encuentra una de las contribuciones sociales más relevantes del proyecto: convertir el asombro infantil en conocimiento y responsabilidad.

Investigación científica: seguir a las ballenas más allá del museo

La actividad de MUNBA no termina cuando el visitante abandona sus instalaciones.

A través de MUNBA Expeditions, el proyecto participa en labores de monitoreo de ballenas jorobadas que llegan a las aguas de Mazatlán. Guzón contó que cuentan con una base de datos y un catálogo de más de 2 mil individuos registrados en el marco de su trabajo de seguimiento.

El director también expresó que esta labor ha contribuido a investigaciones sobre la distribución y las poblaciones de ballenas jorobadas en México.

El valor de este trabajo radica en que la observación de los animales puede generar información útil para comprender sus desplazamientos, reconocer individuos y documentar cambios en su presencia.

La combinación de divulgación y monitoreo abre una oportunidad para conectar la experiencia turística con el conocimiento científico, siempre bajo criterios de observación responsable.

En este modelo, el visitante no solamente conoce a las ballenas: también se acerca a los métodos que permiten estudiarlas y comprender mejor su comportamiento.

El museo se convierte así en la puerta de entrada a una realidad más amplia, donde la ciencia requiere continuidad, datos y colaboración.

Cuando una ballena está en peligro, la conservación sale al mar

Las amenazas que enfrentan los cetáceos constituyen otra de las líneas estratégicas del proyecto.

Guzón compartió que MUNBA participa en la red de atención a ballenas enmalladas, mediante acciones coordinadas con integrantes de la sociedad civil y autoridades competentes para atender ejemplares atrapados en redes de pesca.

El director indicó que coordina esta red nacional en Mazatlán y que el equipo se prepara para responder durante la temporada de presencia de ballenas.

El enmallamiento representa un riesgo importante para estos animales, al igual que la contaminación y las posibles interacciones con embarcaciones y otras actividades humanas.

La atención de estos casos requiere personal capacitado, protocolos de seguridad y coordinación institucional, debido a los riesgos que implica trabajar con animales de gran tamaño en el mar.

Esta labor permite entender la conservación como algo más que un mensaje dentro de una sala. Es una tarea que demanda conocimiento especializado, capacidad de respuesta y colaboración entre distintos sectores.

En palabras del director, el museo busca convertirse en un espacio que abra las puertas al conocimiento de las ballenas y contribuya a impulsar acciones para protegerlas.

El gran reto: crecer, mantenerse y convertirse en un foro mundial

La proyección internacional de MUNBA dependerá de su capacidad para mantener una propuesta de calidad, fortalecer su programación educativa y científica, ampliar sus colaboraciones y atraer a nuevos públicos.

Guzón reconoció que sostener un museo especializado requiere estrategias de operación y el respaldo de los visitantes. La venta de entradas contribuye a mantener las instalaciones y hacer posible que continúen las actividades del recinto.

También resaltó la importancia del Parque Observatorio 1873, que, de acuerdo con sus cifras, recibe más de 100 mil visitantes al año y ofrece un entorno que complementa la experiencia cultural del museo.

La aspiración es que esa afluencia contribuya a dar visibilidad al patrimonio marino y que, al mismo tiempo, el museo fortalezca el atractivo turístico de Mazatlán.

Pero la verdadera trascendencia de MUNBA no se medirá únicamente en boletos vendidos o personas que crucen sus puertas. También dependerá de los aprendizajes que genere, las investigaciones que apoye, las alianzas que construya y su contribución a la conservación.

Para consolidarse como un foro de atracción mundial, el museo tiene ante sí la posibilidad de impulsar encuentros científicos, intercambios académicos, actividades educativas internacionales y experiencias que conecten a las comunidades con el conocimiento del océano.

El objetivo es ambicioso, pero su temática posee una ventaja indiscutible: las ballenas despiertan interés y admiración en todo el planeta.

“Que las ballenas sigan surcando nuestros mares de manera segura”

Al hablar del futuro, Óscar Guzón planteó una meta que va más allá del crecimiento institucional.

“Yo lo que esperaría es que las ballenas sigan llegando a Mazatlán y que cada vez sean más ballenas”, puntualizó, al referirse a la presencia de estos mamíferos marinos en las aguas de la región.

El director comentó que una mayor presencia de ballenas también implica la necesidad de redoblar esfuerzos para reducir los riesgos derivados de las actividades humanas.

Por ello, su visión combina la continuidad del museo con la protección de los animales y la educación de las nuevas generaciones.

Su aspiración es que MUNBA se mantenga, crezca y amplíe sus posibilidades para que más niñas, niños, jóvenes y familias puedan conocer el mundo de los cetáceos.

La meta, en última instancia, es que las ballenas continúen utilizando de manera segura las aguas del Pacífico mexicano y que la sociedad comprenda el valor de compartir el océano con ellas.

Munba, una ventana de Mazatlán hacia el mundo

El Museo Nacional de la Ballena representa una oportunidad para ampliar la identidad de Mazatlán, fortalecer su oferta cultural y proyectar el conocimiento de la vida marina desde México hacia otros países.

Sus 12 salas, su colección de esqueletos, sus programas educativos y sus actividades de monitoreo y conservación conforman una propuesta que va más allá de la exhibición.

El reto es convertir ese potencial en una presencia internacional sostenida, con alianzas, investigación, divulgación y una programación capaz de atraer a públicos diversos.

En una región donde el océano forma parte esencial de la vida y la identidad, MUNBA tiene la posibilidad de consolidarse como un referente para la educación marina y la conservación de los cetáceos.

La visión de Óscar Guzón coloca el propósito en una frase que resume el espíritu del proyecto: aprender a conocer las ballenas para aprender a protegerlas.

Porque el futuro de MUNBA no se limita a contar la historia de los gigantes del mar. Su mayor aspiración es contribuir a que esa historia continúe escribiéndose en océanos más seguros y con generaciones que comprendan su responsabilidad frente a la vida marina.

Desde Mazatlán, el mensaje es contundente: las ballenas forman parte de la riqueza natural de México y MUNBA quiere convertir esa riqueza en conocimiento, orgullo y una causa compartida con el mundo.

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