Medio siglo de entrega y esperanza: el Padre Manuel Carrasco celebra 50 años de sacerdocio

WhatsApp Image 2026-02-26 at 10.29.53 AM (1)
Sinmurosnews

*En 1963 ingresó al Seminario Conciliar de Durango, donde cursó estudios de latín, Filosofía y Teología

Entre aplausos prolongados, abrazos sinceros y miradas cargadas de gratitud, el padre Manuel Carrasco Salazar conmemoró 50 años de vida sacerdotal, cinco décadas marcadas por el servicio constante, la cercanía con su comunidad y una fe que ha sabido sembrar en generaciones enteras.

La celebración reunió a autoridades eclesiásticas, familiares y amigos que han sido testigos de su caminar pastoral. Encabezaron la ceremonia el obispo de la Diócesis de Mazatlán, Mario Espinoza Contreras, y el arzobispo de Arquidiócesis de Tlalnepantla, José Antonio Fernández Hurtado, además de sacerdotes provenientes de Durango y Mazatlán. También estuvieron presentes familiares que viajaron desde Chicago y distintas ciudades del país, así como decenas de fieles que han acompañado al sacerdote a lo largo de su ministerio.

Con voz entrecortada por la emoción, el padre Manuel agradeció a Dios y a su familia por el apoyo brindado desde sus inicios.

“Es un momento muy emotivo recordar a los seres queridos. Mis padres tuvieron poco tiempo para disfrutar de este hijo como sacerdote. Les doy gracias a mis hermanos por lo que hacen por mí; si no he logrado ser lo que esperaban, al menos me he esforzado por ser un sacerdote digno para ustedes”, expresó.

Un llamado nacido en Durango

Originario de El Jagüey, en el municipio de Santiago Papasquiaro, Durango, Manuel Carrasco nació el 3 de agosto de 1949 en el hogar formado por Don Camilo Carrasco y doña Epifanía Salazar. Fue el sexto de siete hermanos y, desde temprana edad, manifestó inquietudes vocacionales.

En 1963 ingresó al Seminario Conciliar de Durango, donde cursó estudios de latín, Filosofía y Teología. Años después continuó su formación en Mazatlán, en el Seminario de los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Fue ordenado diácono el 24 de diciembre de 1974 y recibió el orden sacerdotal el 22 de febrero de 1976, en la festividad de la Cátedra de San Pedro, por imposición de manos del entonces obispo de Mazatlán, Miguel García Franco.

Más que templos, una comunidad viva

Su primer destino pastoral fue la comunidad de San Francisco de Asís, en Escuinapa. Posteriormente fue asignado a Santa María del Mar, donde además impartió clases de latín en el seminario diocesano.

En esa comunidad inició celebrando misa en una sencilla capilla de madera. Con el tiempo, impulsó la construcción de un templo de material que hoy es referente espiritual del lugar. Sin embargo, quienes lo conocen coinciden en que su obra más importante no se levantó con ladrillos, sino en el corazón de las personas.

A lo largo de los años acompañó a jóvenes en situaciones difíciles, promovió vocaciones sacerdotales y fortaleció el sentido comunitario entre pescadores y familias del puerto.

Durante la celebración, un feligrés destacó que fue el propio padre Manuel quien trajo desde Barcelona la imagen de la Virgen María en su advocación del Mar, gesto que la comunidad conserva como símbolo de protección y cariño pastoral.

Un “por mientras” de 45 años

Una de las anécdotas más recordadas de su ministerio ocurrió cuando el obispo Miguel García Franco le pidió hacerse cargo de Santa María del Mar “por mientras”. Lo que parecía un encargo temporal se transformó en una permanencia de 45 años.

Entre sonrisas, el sacerdote suele bromear que nunca quedó claro si ese “por mientras” sería hasta que el mar se secara o hasta que Dios lo llamara a su presencia. Lo cierto es que su fidelidad convirtió esa misión provisional en un compromiso de vida.

Vocaciones inspiradas

Uno de los testimonios más emotivos fue el del padre Antonio Guerra Bandilla, quien comenzó como monaguillo bajo la guía del padre Carrasco y años después abrazó el sacerdocio.

“Cuando dudé en irme a estudiar fuera, usted me dijo: ‘No te rajes, esto vale la pena y vale la vida’. Gracias por su ejemplo”, recordó.

A medio siglo de su ordenación, el padre Manuel Carrasco no solo celebra una fecha significativa, sino la huella profunda que ha dejado en su comunidad: una vida entregada, una fe perseverante y una historia tejida con constancia, humildad y esperanza.

Translate »