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–El saco roto de la UAS
Por Alejandro Gallardo
La falta de recursos para pagar las primas vacacionales de sus trabajadores, así como la enorme deuda con proveedores de toda índole, evidencian la crisis económica que atraviesa la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS).
Ese quebranto financiero, que antes se hacía evidente al llegar diciembre, cuando había que cubrir la última quincena y el aguinaldo, hoy se manifiesta incluso al concluir la primera mitad del ejercicio fiscal.
En este contexto de números rojos fue reelecto como rector Jesús Madueña Molina, miembro de un grupo político universitario que ha controlado la institución durante más de 20 años, desde que asumió la rectoría el hoy fallecido Héctor Melesio Cuén Ojeda. A él, curiosamente, casi nadie dentro de su equipo parece recordar ni exige ya el esclarecimiento de su asesinato ocurrido en julio del año pasado.
Hoy los tiempos han cambiado. Existe una nueva relación de “cooperación” entre las autoridades universitarias y el gobierno estatal de Rubén Rocha Moya, quien, hasta hace apenas ocho meses, los señalaba y perseguía por presuntos actos de corrupción que habrían costado más de 500 millones de pesos a la universidad.
Después vino el perdón, tras un pago simbólico de 20 millones de pesos por parte de los implicados para resarcir daños. Y luego, el olvido: borrón y cuenta nueva.
Hoy quienes deben cubrir las consecuencias de esas malas administraciones, tanto del presente como del pasado, son los estudiantes, quienes enfrentan un aumento del 56% en las cuotas de inscripción si desean ingresar o continuar sus estudios. Esto equivale a aproximadamente mil pesos adicionales por alumno.
El objetivo es conseguir recursos para ese barril sin fondo o saco roto que, en su momento, el Congreso local intentó auditar a través de la Auditoría Superior del Estado, aunque pronto se les “quitaron las ganas”.
Hoy, el poder, el gasto y los contratos se reparten sin mayor resistencia.
La prioridad parece ser mantener una nómina sistemáticamente abultada y sueldos envidiables para los allegados al poder, muchos de los cuales hasta hace poco sostenían con recursos, vida y oxígeno al Partido Sinaloense.
Hay datos de proveedores a quienes no se les a abonado por casi un año. Varios de ellos, enfocados en defender a ultraza, las políticas e imagen de quienes mandan en la UAS y que de no “chillar la cochi”, pueden convertirse en incómodos.
De todos esos excesos terminará pagando la comunidad estudiantil, conformada en gran parte por jóvenes de escasos recursos.
Es lamentable, pero es lo que hay.